Lo que más me apasiona es dibujar a lápiz. Es la técnica a la que vuelvo siempre, probablemente porque es con la que me siento más cómoda y con la que menos necesito pensar antes de empezar.
Cuando dibujo con grafito entro fácilmente en una especie de piloto automático: observar, buscar las formas, apretar más o menos el lápiz, construir las sombras poco a poco… Puedo pasar horas así sin darme demasiada cuenta del tiempo. Supongo que por eso lo considero mi manera de meditar.
También disfruto mucho trabajando con color —especialmente con acuarela— y a menudo termino mezclando ambas técnicas. Pero el lápiz sigue siendo mi punto de partida y el lugar al que vuelvo cuando simplemente tengo ganas de dibujar.
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Durante la facultad me encantaba dibujar la figura humana del natural. Ya no tengo tantas oportunidades de hacerlo, pero sigo buscando gestos, expresiones y poses que me apetezca llevar al papel. Me interesan especialmente los rostros y todo lo que cambia en ellos según la luz, el gesto o el punto de vista. 
Para practicar suelo utilizar referencias fotográficas. Uno de los recursos que más uso es @adorkastock, donde se pueden encontrar poses muy variadas y también configurar sesiones con tiempos diferentes para cada imagen, casi como en una sesión de dibujo del natural. También encuentro referencias en Pinterest, Instagram y, en general, en cualquier imagen que me haga detenerme y pensar: esto lo quiero dibujar. La expresión exacta es "Esto es dibujable".
No siempre busco hacer una pieza terminada. Muchas veces dibujo simplemente por el placer de hacerlo, para practicar, probar una forma de sombrear o porque una cara me ha llamado la atención. Algunos dibujos se quedan en unas pocas líneas y otros terminan ocupándome varias horas.
Aquí dejo algunos de esos dibujos a lápiz.
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